viernes, 21 de noviembre de 2008

Cómo me di cuenta

Nota: Creo que lo primero que debo hacer es conversar con la señorita Silvia Barrios. Ella vivió conmigo el primero de los momentos importantes. Creo que si le pregunto cosas de mí me dará algunas pistas. Ella sabe mis primeros años de conciencia. No es la primera instancia, sin embargo. Creo que es la tercera. En fin. Pero ella es importante.
Antes de la señorita Silvia, conocí a la señorita María Teresa Rojas, mi primera profesora. No se qué me enseñaba, pero sí se que me enamoré de ella. Era tierna en extremo (obviamente eso me parecía a mí, que tenía como ocho años). La señorita María Teresa Tapia se fue de la escuela sólo unos meses luego de haberla conocido. Pero me enamoré. En fin.
Cuando conocí a la señorita Silvia, yo tenía como 9 años. Ella era mi profesora. Me enseñaba cosas de castellano, de matemáticas, de juegos. La señorita Silvia era bonita, tranquilita y muy cariñosa. Siempre escuchaba, siempre sonreía. Aunque era seria. Si ella hablaba serio, había que hacerle caso.
Creo que ella fue la primera en mostrarme que los seres humanos podemos relacionarnos y metarelacionarnos.
Nota: El próximo miércoles iré a la escuela. Bueno, debo tener en cuenta que será el primer intento por buscar en otra mente algunos aspectos inherentes a la mía. Me imagino que son muchos. Ella tiene datos de mí cuando yo era pequeño. Y tiene su impresión.
¿Qué me dirá? ¿Será prudente no hacerle explícito mi cometido? ¿Debo decirle que intento comprender qué aspectos de mi proceso vital me han ayudado a darme cuenta? ¿Sabrá qué es eso? ¿Perderé tiempo en explicarle en qué consiste mi investigación? ¡Qué terrible!


Como te darás cuenta, Machucao, al final, yo estaba equivocado. Ganó el Álvaro Valero, el favorito obvio del contexto en el que vivimos. Ganó. Y, concedo, fue con todas las de la ‘ley’. En fin. Tendremos que intentarlo de nuevo, en el próximo ‘reality’ que se invente, y votar, otra vez, según nos dicte la Conciencia, o demande el Cuerpo (según uno esté hot, o NO). El Universo es así. Aunque NO me guste. En NADA. En fin.

Cuando cada mañana me levanto y me preparo para ir a clases (hago clases en una universidad), suelo tomar un café y sentarme a observar a quienes pasan frente a mi ventana. Estoy largo rato mirando y pensando en quienes pasan. Pasa mucha gente. Caminan sin rostros o sentimientos. Van hacia el Metro. Y siempre pienso que algunas de aquellas personas irán a sus lugares de trabajo, otras a estudiar, y otras simplemente vagaran por las calles de Santiago. Y mientras los observo, pienso en lo que cada uno de ellos hará ese día. Por lo general suelo divagar en lo que harán luego, cuando ya no los ‘vea’, y sean algo así como un recuerdo para mí. Sé que algunos llegarán a sus lugares de trabajo y realizarán lo que se supone realicen en esos lugares, durante todo el día. Otros, conversarán con otras personas (conocidas para ellos, la mayoría de las veces) de situaciones y ‘cosas’ que les incumben en ese, u otros días. O, puede que realicen actos varios (desconocidos para mí) como parte de ciertos ritos. Otros, con certeza, pensarán en lo que hacen los demás, mientras se toman un café antes de irse a clases. Y, muchas veces, cuando veo a los demás pasar frente a mi ventana, me pregunto por lo que cada uno de ellos piensa de ‘esto que nos ha tocado vivir’, y de lo que hacen durante sus ‘vidas’.
Yo siempre pienso en el hecho de tener que ir a clases, o de tener que trabajar, o de tener que hacer siempre ciertas ‘cosas’ como si fueran una ley esencial a nuestro ser chilenos y humanos. Pero no creo (no me hace ‘coherencia’, no entiendo …) que mi ‘vivir diario’ deba simplemente obedecer a las ‘leyes’ sociales que circulan alrededor de mí. No creo que ‘vivir’ consista sólo en eso.
Siempre pensé, porque fue lo que escuché de mi padre (quien siempre trabajó para educar a sus hijos de modo que éstos pudiesen trabajar y desempeñarse honestamente en el mundo laboral), que yo debía estudiar para trabajar honestamente y, así, poder educar a mis hijos (los que, a su vez, podrían trabajar y dar educación a mis nietos), de modo que todo funcionara ‘perfectamente’. Todo un círculo aparentemente ‘normal’.
Pero, a pesar de ‘tener claro eso’, yo me pregunto por la razón de tener que hacer lo que hago día a día. No lo comprendo. ¿Por qué debo hacer lo que hago? No entiendo por qué hago lo que hago, pienso lo que pienso, o siento lo que siento, mientras realizo ‘mis’ ritos.
Y me pregunto, ¿Se preguntarán, quienes pasan frente a mi ventana, lo mismo?

Desde que tengo memoria, he considerado (en varios sentidos, niveles y focos de atención), que, lo que vivo en el día a día, es algo así como una especie de sondeo en el que, de alguna manera, estoy obligado (en el 'buen' sentido) a observar, y (en algún sentido), simplemente a vivir lo que me toca vivir en este megaatractor casi invisible. No sé explicar bien por qué. Creo que, incluso las explicaciones más formales, lógicas y 'necesarias' que yo misma me pudiera dar, de todas las percepciones que tengo de la realidad, (si es que lo son, al fin y al cabo) y de lo que vivo en ella, me resultarían a mí misma nada más que una suerte de ordenamiento ficticio para algo que no resiste, ni siquiera, ese nivel de formulación. Pero las situaciones, muchas veces me son extrañas (como mi opinión respecto a la noción misma de la profundidad de todo cuanto vivimos como seres humanos (¡uf!)y mis opiniones respecto a la vida inteligente en otros 'lugares' del Universo.). Quizás por ello, cada vez que me las tengo que haber con lo que (y con quienes) he de habermelas, siento como si estuviese en un aula estilo metadimensional, aprendiendo algunas (o muchas) lecciones que en algún tiempo más, y en algún otro lugar, me servirán. Pensar eso, francamente me agrada (¿'ayuda'?), aunque no me resuelve la cuestión.
S.S.M.
No hay más remedio que vivir entre los seres humanos, aunque no sepa razón por la que lo deba hacer.
Es posible que al final de todo esto, yo descubra algunas otras claves. Y quizá alguna de ellas me conduzca, por fin, a dimensiones que aún siquiera he soñado. Pero, y creo que es lo más probable, debe faltar algún pequeño trecho. Trecho que, quizá por lo mismo, sea el más escabroso y relevante. Es posible.
Porque me he dado cuenta de algo muy importante: soy parte de una especie viva, consciente e inteligente, pero muy extraña. Lo he pensado y reflexionado mucho, pero aún no logro comprender las razones por las cuales actúa de la manera en que lo hace. Según decimos, somos la especie de los seres humanos, la especie más inteligente, y que más alto grado de evolución ha alcanzado en este planeta. Pero, esa seguridad, no me es coherente con la manera en que vivimos esa Realidad. Suponemos que la manera de pensarnos en la Realidad (entre muchas otras cosas), es una verdad de la Realidad más profunda misma (aunque jamás concedamos que es así). Quizás es por eso que nunca nos preguntamos si está bien vivir el día a día, tal y como lo hemos vivido hasta ahora.
He querido mostrar que la especie humana se ha encontrado en diferentes atractores (relacionalmente hablando) de los que no somos conscientes, y que, por eso mismo consideramos la realidad determinada como si eso fuese un fundamental. Pero la dificultad en mostrar que eso es un error de perspectiva, radica en que, en mi especie, no hemos sido concientes de ello.
¿Habrá alguna manera de mostrar las razones por las cuales debemos repensarnos y repensar la manera en que nos relacionamos con la Realidad? ¿Será posible darnos cuenta de los atractores físicos, mentales, biológicos (relacionales, al fin), en los que estamos y, desde esa consideración, proponer y promover formas en las que nos podamos repensar?"
Creo que es difícil. Pero no sé si también es imposible. El ser conscientes de los atractores en los que una especie está, no es algo fácil de comprender (ni mucho menos de aceptar). Ese es un primer problema.

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