Viaje a Ralún
Comenzó a nublarse un poco. Tal parece que el Sur es más lluvioso de lo que me dijo Emma Margarita. Aunque, según veo, la lluvia no es un impedimento para que los lugareños realicen sus tareas. El lugar es bello, pero de una forma distinta a lo que imaginé.
Con la excusa de ir a ver unos amigos en la costa, salí del refugio donde estaba, rumbo a esas famosas termas de Ralún. Supuestamente allí me esperaría Emma. El caminito por el que debo ir (según me dijo) está bordeado por ramas verdes altas, pasto frondoso y tierra húmeda.
Llueve. Llueve a ratos, pero llueve. Según me dijeron los del refugio, los días estaban bonitos (porque para mí son fríos y húmedos), mucho más de lo común. Obviamente están equivocados. Y al parecer, antes que yo llegara, ha llovido muy fuerte.
"No insistas con la pregunta ‘¿Qué más tengo que conocer?’ Córtala con eso.
¿’¿Qué más se puede llegar a conocer?’?
Como si hubiese una especie de niveles o planos que alcanzar...
Al fin, no hay nada.
Nada más, se supone. Al menos que se inventen miradas (Eso, hasta el momento resulta. Las miradas permiten creación y estados mentales y de conciencia, incluso, sobre ’naturales’). Pero, al final, es lo mismo. Siempre lo mismo. Nada que no sea tan fácilmente aceptado por todos los seres ‘serios’ y ‘exitosos’ con los que vivo. Es obvio que pensar en algo más, resulta absurdo e incluso impertinente. Pretenderlo, es, como mínimo, extraño (No lo que supone, sino que se piense como parte de una respuesta plausible, quizá, a una pregunta plausible)."
En fin, ya llegué. Llueve nuevamente.
Escribo. Estoy acostado dentro de la carpa que instalé a un costado del caminito (es tal como me dijo).
Llueve levemente. Escucho a un grupo de personas pasa cerca. Creo son tres. Primero, un señor, joven, dice algo en respuesta a una pregunta de una niña. Luego, una mujer joven dice algo de la carpa en la que estoy. El hombre asintió (a no sé qué) y, luego, sus voces se perdieron.
Escucho el río, y los sonidos secos y pasmosos de... (tengo que salir de la carpa y ver, ya que se mueve mucho y no sé de dónde viene el ruido) de las gotas que golpean la protección térmica (hidráulica en este caso, porque llueve muy fuerte) que posee la carpa autoinstalada (de esas que, una vez fuera del empaque, se abren e instalan solas) que me compré. Son ruidos secos y pegajosos. Unos pequeñitos. Otros grandes como de madera.
***
Debe considerasrse que comencé a tomar Wy(i)skey(i).
ai momentosque parecieran alejarse de una definición clásca de tiempo. Ayer cuandsesupone viajaría hasta este lugar, fue un día specialmente corto. Algo extraño, pero ciertamente corto.
Ya casi ni recuerdo (aunque si) cuando mi hermana me comentó, casi burlándose, que mi hora de viajar a chileo(oé) me tenía intranquilo. No lo había notado.
Quizá sí
Hoy, cuando escribo, vislumbro ayer como si no existiese. Como si sólo fuese un recuerdo. Como sisólocontaseestemomentoenelquevivo.
Se suponía una reflexión de este tipo. El famoso y repetido sentido del ahora. El momento en que vivo estar siendo un ser que hace esas reflexiones. Pero, al final, es lo mismo.
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El estado de seguridad física (aunque, obviamente conectado con aspectos psicológicos) es de una necesidad básica, primigenia y fundamental para mí. No soporto los lugares desconocidos en este respecto. Prefiero los lugares familiares, aquellos que conozco o me son familiares por el comportamiento del entorno (personas incluidas), en las que me siento como una especie de amo y señor.
Hasta ahora, las Termas de Ralún no me han dado esos sentimientos. Y no es debido a aprehensiones de mi parte. Según lo he podido ver, la mayor parte de quienes están cerca de mí, son veraneantes tal como yo. Pero soy el único que está acampando solo. Los demás, van y vienen en grupos, hacia y desde las posas termales y el camping principal (donde se paga por acampar).
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Definición de paradigma: Constelación de achievements –conceptos. valores, técnicas, etc.- instaurada por una comunidad científica, y usada por esa comunidad para definir problemas y soluciones legítimas.
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Llueve. A pesar de los vaticinios de los lugareños, no ha dejado de llover. Lo que a ratos se transforma en una especie de preludio para un día soleado, de pronto se transforma en una suerte de trópico. Pero feo.
El campamento donde estoy (donde no se paga) consta de mi carpa y una fogata que hice en una base hecha por alguien que acampó aquí antes que yo. No hay asientos (obvio). No hay comodidades, salvo pequeños montículos y elevaciones naturales del lugar. El verde inunda casi todo.
Sobre mi carpa hay árboles delgados, largos y frondosos. El suelo es de hojas secas (ahora, mojadas) que reposan en la tierra formada de otras hojas que cayeron antiguamente sobre otras hojas.
La carpa mira hacia el Oeste, hacia un recodo del río, justo hacia la orilla del frente. Ahí están los boteros (los veo) que ayudan (por la módica suma de quinientos pesos ida y vuelta) a cruzar el río a turistas como yo. Una vez cruzando, los turistas debemos caminar aproximadamente doscientos metros para llegar a las pozas de las Termas de Ralún. Mi campamento está instalado justo en medio del trayecto, semi oculto por una frondosa vegetación.
El caminito del que me habló (no más ancho de cincuenta centímetros), está flanqueado de árboles, matorrales y pasto muy largo. Está varias veces cortado por riachuelos de agua, proveniente de las vertientes altas y que, al final, se juntan con las aguas del río.
Todo el lugar (campamentos a ambos lados del río y el río mismo) está bordeado por cerros verdes inmensos. Hoy hay garúa; el efecto es francamente asombroso.
Entre dos cerros que parecen dar paso al río hoy hubo un arcoiris. Detrás, se veía otro cerro bañado por los rayos del sol. Donde yo estaba, llovía.
Acaba de pasar una señora con una niña.
El cielo ha aclarado. Sobre la carpa se oyen goterones espaciados. A veces, el sonido es como de llovizna.
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Cuando se acampa, toda acción, desde la más básica, como lavarse los dientes, o tomar café, se torna todo un acontecimiento. Como ahora. Justo ahora que escribo quisiera tomar café. Pero, llueve. Los leños están mojados y, aunque los puedo encender, el trabajo (aunque no es agotador) sería tan largo que se transformaría en algo importante por él mismo.
Voy a preparar café.
Ya lo hice. He vuelto, aunque no sin pasar una suerte de odisea frente a la fogata.
Cuando conversábamos de mi viaje, me aconsejó llevar bencina. Según me dijo, no hay otro elemento más eficaz a la hora de encender una fogata en estos lugares tan húmedos. Luego de seguir sus instrucciones y usar bencina para dicho propósito, concluí que era un proceso rápido, intenso, pero fugaz. Los leños no alcanzan la temperatura justa para la ignición cuando la bencina en ellos se consume. Resultado: hay que volver a echar bencina (poca cantidad) a los leños que parecen arder. Se debe repetir el proceso varias veces. Pero ya encontré la solución. Hoy, no hace mucho rato, compré un paquete de velas (segunda taza de café que disfruto), corté un pedazo de vela y lo encendí. La puse en medio de unas ramas y la dejé arder. Las ramas, justo encima de la vela ardieron rápidamente, fruto del prolongado calorcito necesario. Luego, el calor comenzó a derretir el pedazo de vela, y la esperma derretida cubrió los leños donde reposaba. Estos últimos comenzaron a arder tan pronto como el pedazo se vela se derritió, y su llama se esparció por ellos. El fuego se mantuvo mucho más de lo necesario para preparar café.
***
Al final resultó mejor que no estuviera. El lugar no es para carrete. Invita a mirar, escuchar, disfrutar. Esto es perfecto para no hacer nada. Me he pasado horas mirando el paisaje. A lo lejos se ven unas nubes muy blancas. El viento las trae hacia donde estoy. No hay viento. Sólo es brisa que se mueve como a chorros. Como chorros de vapor.
Caen goterones sobre el tejado. Una mujer joven pasa tarareando una canción. Niños. La voz de un señor y una señora. Van hacia el bote.
Los chorros de brisa se mueven como si fuesen humo.
Sucedió algo extraño. De soslayo, vi algo que se movía por el piso de mi carpa. Miré, y vi algo como una araña, con gruesas patas. Se detuvo justo después que la miré. Volví los ojos rápidamente hacia el encendedor, con el propósito de asir algo con qué aplastar a la araña. En ese momento, nuevamente de soslayo, vi que la araña se levantaba y seguía su camino. Tomé el encendedor, miré la araña y esta nuevamente dejó de caminar. Cuando subí el encendedor, la araña se agachó, elevando muy alto sus ‘rodillas’. Parecía muerta.
No deja de caer llovizna. Sobre la carpa caen goterones.
Vista del lugar de camping ‘Termas de Ralún’, dibujado desde dentro de la carpa, mientras anochecía.
Al parecer ni carpa no está muy a la vista de quienes pasan por el caminito. Justo ahora hay un señor y su señora, junto a un niño, cambiándose ropa (poniéndose traje de baño) detrás de mi carpa. Ellos no parecen percatarse de mi campamento.
Alguien, desde lejos, parece gritar mi nombre.
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Estoy húmedo. Todo dentro de la carpa está húmedo. Es imperioso que mañana salga el sol.
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Es de noche. Por fin ya no llueve. Todo dentro de la carpa está húmedo. El cielo, mientras se podía ver, estaba sin ninguna nube. A esta hora sólo veo al fondo, como hacia los cerros, algo claro. No veo estrellas. En realidad, no sé si miro hacia el cielo. Al parecer se ha vuelto a nublar. No hace frío.
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Hoy me bañé en una de las pozas; la más profunda. El agua, aunque caliente, estaba algo fétida. Más parecía agua estancada caliente. De todos modos, como he visto a varias personas estar por largas horas en ellas, no tuve escrúpulos en permanecer un rato. ¿Es así? ¿Se supone que las pozas son fétidas? ¡Qué raro!
La poza donde yo estaba era de aproximadamente un metro y medio de ancho, y dos metros treinta de largo. El fondo estaba cubierto de arena gruesa y piedras pequeñas. La poza estaba rodeada casi por completo de una especie de pared de piedras. Sólo había una pequeña entrada en un costado. Por ahí se bajaba a la poza. Las paredes de la poza eran de piedras pequeñas y grandes, mezcladas con algo así como cemento. Pero parecía natural.
Las otras tres pozas eran mucho más anchas, aunque también menos profundas. El agua era turbia, terrosa. Alrededor del lugar había una serie de rocas y ‘cemento natural’. Todas las rocas del lugar parecían estar pegadas (Pero yo no estaba seguro. Cuando las miré con detención, no sabía si eran naturales o no) como por cemento.
Las pozas están junto al río, pegadas a él. Por el otro lado, las Termas se topan con el cerro, adaptado para las necesidades básicas de los turistas.
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Justo donde estoy, cae un hilillo de agua cristalina y fresca que desemboca en el río. Es mut fría, y su sabor es muy agradable a paladar.
El lugar cuenta con tres camarines con sendos orificios por todas partes, un baño sin las tablas que protegen la espalda de quien se sienta, y una especie de ramada con algunas tablas haciendo las veces de mesa. No hay asientos, aunque por todas partes hay montículos y rocas especialmente ad-hoc.
***
La parte derecha de la entrada de mi carpa se estaba cayendo. Había algo que no funcionaba. Me costaba demasiado 'alisar' la puerta para unir el cierre. Luego de un rato sin saber qué hacer, me acordé que, por dentro de la capa impermeabilizante, justo sobre la puerta de entrada, colgaban dos tiritas plateadas, sin uso hasta el momento. Decidí unir las tiritas a la estructura externa de la carpa. Y resultó. La carpa está transformada en todo un chiche geométricamente estabilizada. Nada le falta. Si todo está armadito como indican las instrucciones, la carpa queda, ipso facto, armada.
¡Esto es la tecnología!
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Desperté muy temprano hoy, y, para variar, estaba lloviendo. El problema, en este caso, no era dentro de mi carpa (ya que no estaba para nada mojado), sino que todo alrededor de la carpa era una gran posa.
viernes, 21 de noviembre de 2008
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